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martes, 4 de agosto de 2015

Un parto para sanar




Ya hace una semana que nació mi tercera hija en casa, luego de dos cesáreas innecesarias. 

Con el mayor tuve un embarazo sano, siempre tuve ganas de parir de forma natural, pero no era consciente de los riesgos que implica enfrentarse con el sistema médico en estos casos. El obstetra, un, hombre agradable, simpático, yo estaba contenta. 


A las 32 semana la eco me dio un grado 3 de maduración y eso le dio pie al él para alarmarme (pero que hoy sé que es normal), que cualquier cosa lo llame, me dio su celular, el teléfono de la casa, gestos que me parecieron buenos en aquel momento. 

La siguiente Eco, la doopler me la hice dos días antes del nacimiento de mi hijo, que fue a las 37 semanas, todo estaba bien, pero ese domingo tuve fuertes dolores de cabeza y tenía la presión un poco alta (fue mi único episodio de presión alta), me fui a la guardia, donde estaba el equipo de mi obstetra, yo sabía que le faltaba para nacer, pero me dolía mucho la cabeza. 

Ahí me internaron y él llegó a los 20min, y sin verme a mí ni nada, le dijo a mi marido que esperaba afuera, “quedate tranqui que ya lo sacamos”! Nunca trataron de bajarme la presión y ver si podíamos esperar, tampoco hubo malos tratos hacia mí, siempre muy atentos, todo el equipo que me operó, no puedo decir que me trataron mal, sí puedo dudar de la necesidad real de mi cesárea. Así nació mi primer hijo, cesárea de urgencia, a las apuradas, yo lo único que deseaba era que me dejara de doler la cabeza. Además por un distrés respiratorio estuvo 5 dias eternos en neo, donde podía visitarlo cada 3 horas. 

A los dos años quedé embarazada de mi segundo hijo, volví con el mismo médico yo me sentía agradecida con él, sentía que nos había salvado la vida, (él me hizo creer eso, que casi me muero, o que podía haber tenido un derrame cerebral o que mi hijo se podría haber muerto). Cesárea programada, el motivo: cesárea anterior (la semana anterior a un viaje del obstetra por un congreso) No lo cuestioné, no me pregunte si podía ser de otra forma, acepte. 

Comencé a pensar en esto de la violencia obstetricia cuando una amiga me invita a escuchar un programa de radio (“Vos sabes”, lo recomiendo) que ella y otra amiga conducen y es sobre estos temas y crianza. Escuchando, leyendo, investigando, me di cuenta de que mis dos cesáreas habían sido innecesáreas, así que me propuse para mi tercer hijo intentar un parto fisiológico, no intervenido, que acá en La Plata, hubiese sido muy difícil en una institución, luego de dos cesáreas. 


Me contacté con Maria Ines Huarte, una partera con mucha experiencia, nos reunimos en grupo, armamos una linda tribu, donde aprendíamos de las experiencias de las que iban pariendo, compartíamos miedos, inseguridades, sensaciones, alegrías. 

Me tomé este embarazo de otra forma, leí mucho, fui a yoga, estaba conciente y conectada con mi bebé. Para los controles médicos, visité a un ginecólogo que respetaba mi decisión, aunque no vendría al domicilio, ni se comprometía mucho con mi plan, se limitaba a hacerme los estudios de rutina, que siempre dieron bien. 

Cuando le lleve los últimos estudios (que estaban diez puntos), en la consulta de la semana 38, me pregunto si estaba segura de mi decisión, que dos cesáreas anteriores, etc… hizo alguna broma sobre poner fecha para operar y por rutina me dijo desde ahora nos vamos a ver todas las semanas. Con mi marido decidimos ya no volver, no necesitábamos mas controles, ni chistes sobre cesáreas, ni miedos, ni inseguridades. Ahí comenzó el tiempo de preparar el nido, de esperar, descansar. Para cualquier consulta contábamos con la partera.

A las 41 semanas, después de todo un domingo con contracciones, vino la partera a las 12 de la noche, hice casi todo mi trabajo de parto en la bañera, todo estaba listo, planificado, luces de velas, silencio, calidez de mi hogar, sentada en la cama, mi marido sosteniéndome, la partera y mi amiga estaban frente a mí y por momentos yo apoyaba mis pies sobre sus piernas para pujar. Ellas me alentaban, dale, viene, vos podes, viene, viene y cuando ya creí que no podía más, siento que salió la cabeza y el cuerpito y fue maravilloso!! Lo había logrado, no lo podía creer, estaba fundida, pero feliz!! (Eran las 3,41 am) La beba se prendió a la teta ni bien la puso en mi pecho, luego cortaron el cordón, cuando terminó de latir, la placenta salió enseguida. Tuve un pequeño desgarro, pero no necesitó puntos. 


Fue intenso, doloroso, (por qué no decirlo, nuestros úteros están culturalmente sentenciados a doler, ya vendrán generaciones que recuperen el parir sin dolor de nuestros antepasados, pero eso depende de nosotras) pero tan, tan, tan sanador que el dolor no es algo que recuerde de ese momento…

Y al fin llegó el día y lo decidió mi cuerpo y así fue que parí. Parí con el alma con la garganta con la boca y con la voz parí con las piernas y con los brazos parí con el útero y con la vagina parí con las manos y con el corazón parí con las entrañas y con la convicción de que podía hacerlo!

Julieta, Febrero 2015, La Plata

viernes, 24 de abril de 2015

¿Qué es la violencia obstétrica?



Se entiende por violencia obstétrica1 cualquier acción que medicalice y patologice los procesos reproductivos naturales y biológicos, expresados en un trato deshumanizado por parte de los profesionales de la salud, relacionadas con todo el procedimiento que conlleva un embarazo, desde el período de gestación hasta el post parto, afectando de manera directa o indirecta, el cuerpo y los procesos reproductivo de las mujeres.

Violencia obstétrica física y psicológica

En el ámbito físico esta violencia se traduce en prácticas invasivas, tales como: el tacto realizado por más de una persona, la episiotomía de rutina, el uso de fórceps, la maniobra de Kristeller, el raspaje de útero sin anestesia, una cesárea sin justificación médica y el suministro de medicación innecesaria. Mientras que la violencia obstétrica sicológica se manifiesta en un trato deshumanizado mediante la utilización de un lenguaje inapropiado y grosero, discriminación, humillación, burlas y críticas respecto al estado de la mujer y su hijo (a). Asimismo alcanza la omisión de información sobre la evolución del embarazo por parte de los profesionales de salud.

Manifestaciones de la violencia obstétrica
  • No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas.
  • Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.
  • Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer.
  • Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
  • Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.


Fuentes:
Wikipedia.
Ley de Parto Respetado - Ley nacional Nº 25.929