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miércoles, 6 de septiembre de 2023

"Las heroínas también tienen miedo", la novela sobre maternidad de Valeria Alonso premiada en España



La novela pone de relieve el poco lugar hay para la escucha cuando se repite la misma fórmula una y otra vez a la hora del parto y cómo la violencia obstétrica está a la orden del día. Sobre esto, la autora apunta: "La violencia obstétrica es un tema muy en auge. No está tan consiente ni tan presente que la mayoría de nosotros nacimos donde nos faltaron el respeto desde el primer segundo".

Leé la reseña desde la web del Destape: 

https://www.eldestapeweb.com/cultura/literatura/-las-heroinas-tambien-tienen-miedo-la-novela-sobre-maternidad-de-valeria-alonso-premiada-en-espana-20239517230

"Quedé embarazada y me empezaron a pasar muchísimas cosas. Y dije tengo que hacer algo con esto´'. La primera vez que fui al ginecólogo sentí que ahí había una violencia obstétrica silenciada. Me pareció que era interesante empezar a hablar de eso. Me puse a escribir, al principio pensé que iba a hacer una serie de televisión y configuré ciertas escenas.

https://www.veintitres.com.ar/cultura/La-novela-invita-a-deconstruir-todo-el-viaje-del-embarazo-20230831-0001.html

Hacia el Conocimiento de la Violencia Obstétrica



Por Mercedes Lotufo y Aquiles Pérez, investigadores del Instituto de Ciencias Sociales y Disciplinas Proyectuales (INSOD) de UADE


La continuidad de la especie humana es un proceso y condición que tiene como uno de sus pilares el nacimiento de cada nuevo individuo.  Para llegar a este momento, esta nueva persona que comienza a formarse y crecer dentro del útero materno generalmente recibe todo el apoyo físico, fisiológico, social y hasta afectivo de su madre, creando así las mejores posibilidades para su llegada al mundo externo.

En este proceso es común enfocarse y estudiar como sujeto importante el ser humano que viene en camino, mientras que la madre es solo “el medio” donde crece y se desarrolla, olvidando o minimizando que por encima de su condición de madre está el ser humano y la mujer.


La asistencia al parto y al nacimiento, por su institucionalización, se ha caracterizado por una intensa medicalización del cuerpo femenino, siendo más visible en los países latinoamericanos. En las salas de parto (escenario desconocido para la futura madre), las mujeres se encuentran con la presencia de otras personas, con las que establecen vínculos frágiles y superficiales, con alternancia entre la confianza en el cuidado que es proporcionado y su fragmentación, despersonalización y patologización. Además, estas relaciones pueden generar la utilización abusiva de intervenciones no necesarias en el bebé y la mujer, llevándola a perder su autonomía y el derecho de decidir sobre su cuerpo.


La asistencia médica al parto está siendo cuestionada en muchas partes del mundo, pero el origen del concepto de violencia obstétrica es controvertido. Medina Castellano se lo atribuye al Dr. Blundell del Guy’s Hospital, quien en 1827 publicó una serie de textos agrupados en The Lancet. Otros autores, Quattocchi y Magnone plantean que este concepto surgió en América Latina. La Organización Mundial de Salud, por su parte, plantea que, durante la asistencia al parto y al nacimiento, algunas mujeres son asistidas de manera “violenta”, viviendo situaciones de malos tratos, falta de respeto, abusos, negligencias y violación de los derechos humanos por profesionales de salud. Entrevistadas de las clases de preparación al parto del Área de Salud de Tudela en 2017 (Comunidad de Navarra - España), mostraron factores comunes caracterizados por: sensación de abandono, sentimientos de tristeza e inutilidad, ansiedad, desinformación, trato inadecuado por el personal sanitario, entre otros.


Por otro lado, numerosos estudios reportan porcentajes de mujeres que salen traumatizadas de sus partos como consecuencia de las acciones u omisiones del personal sanitario. Datos del Postpartum Support International de 2018 establecen que algunas mujeres experimentan cambios leves en el estado de ánimo durante o después del nacimiento de un hijo/a, observándose hasta un 20% con síntomas de depresión o ansiedad, que no dependen del nivel cultural, económico o raza de la mujer.


Los relatos de violencia frecuentemente se caracterizan por: negación a la presencia de acompañante de su elección; falta de información a las mujeres sobre los diferentes procedimientos ejecutados durante la asistencia; realización de cesáreas no necesarias; privación del derecho a la alimentación y la deambulación; exámenes vaginales rutinarios y repetitivos sin justificación; uso frecuente de oxitocina para acelerar el trabajo de parto; realización de episiotomía sin consentimiento de la mujer; maniobra de Kristeller; intervenciones dolorosas sin anestésicos; obligar a parir en una determinada posición; proveer una medicalización excesiva. De esta forma, se puede entender la violencia obstétrica como cualquier acción que produce efectos negativos de carácter físico y psicológico durante el proceso de parto natural, que, en la mayoría de las ocasiones, se materializa a través de un tratamiento deshumanizado que surge de profesionales de la salud.


De esta forma, vemos cómo las prácticas de salud se convierten en nuevos problemas desde la toma de conciencia de los/las profesionales que las llevan adelante y, principalmente, por las mujeres que usan el sistema. Quattocchi y Magnone, en su libro “Violencia obstétrica en América Latina: conceptualización, experiencias, medición y estrategias”, citan a diversos autores que señalan la importancia de conceptualizar el problema no solo como un aspecto de calidad de la atención en los servicios, sino también como una forma más de violencia contra las mujeres que necesita ser entendida dentro del marco de los derechos humanos y reproductivos.


En Argentina, en la provincia de Entre Ríos, hay organizaciones de mujeres que están trabajando en el proceso de construcción de ciudadanía, dentro del marco del derecho al parto respetado y contra la violencia obstétrica, que tiene sus bases en las Leyes nacionales 26529 y 26485 sancionadas en el 2009, que establecen los derechos del paciente en su relación con los profesionales e instituciones de la salud y que insiste particularmente en los derechos al trato digno y respetuoso, la intimidad, la confidencialidad y la autonomía de la voluntad.


Al ser un tema de abordaje reciente, se encuentran pocos instrumentos que permiten medir la violencia obstétrica. Por ejemplo, en México, durante la cuarta Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) realizada en 2016, se incluyeron doce preguntas destinadas a evaluar algunos aspectos de la experiencia de las mujeres de 15 a 49 años durante su último parto, siendo una de las primeras mediciones a nivel mundial. En este mismo año, en Italia se realizó una encuesta nacional sobre este tema, con una muestra comunitaria.


Como parte de una investigación de UADE, estamos construyendo un instrumento cuantitativo que permita dimensionar, explicar y trabajar, en forma estructural, la violencia obstétrica a partir de las características identificadas de cómo este evento ocurre en el contexto asistencial, cuáles son sus posibles repercusiones en la práctica obstétrica actual. De este modo, esperamos generar el conocimiento necesario de las interacciones de las mujeres con los profesionales de salud, gestores, y entidades de enseñanza, equilibradas, sanas, y donde se contemple los derechos sexuales, reproductivos y humanos.

Fuente: elliberal - 6/9/2023

"Todavía se lucha contra la violencia obstétrica": el cambio de paradigma en la obstetricia



San Ramón nació el 31 de agosto del año 1200 en Portell, muy cerca de Barcelona (España). Su madre, murió en el parto, sin llegar a conocer el rostro de su hijo.


A pesar de haber fallecido a sus cortos 31 años, San Ramón fue nombrado santo por el inmenso trabajo social, en virtud de rescatar a cientos de personas en situación de esclavitud en África, a pesar de que esto le costara múltiples castigos, azotes, y torturas. Es por las condiciones de su nacimiento, que se decidió nombrarlo patrono de las parturientas y de las parteras.


Decir partera, tiene en nuestra provincia connotaciones que, para algunas generaciones, siguen siendo negativas, a causa de la innumerable cantidad de casos de violencia obstétrica que se han registrado y que se cuentan de generación en generación. Sin embargo, la verdad es que existen profesionales dedicadas que, con amor, con preparación y con mucha responsabilidad, hoy son pilares fundamentales para las mujeres embarazadas.

En Tucumán, poco a poco el estigma sobre las parteras se va borrando para abrir paso a lo que realmente importa: el acompañamiento integral a las mujeres embarazadas.

Marina Almaraz (MP 580) forma parte del equipo de obstetras del Hospital Regional de Concepción hace muchos años, y desde allí explica el papel fundamental de los obstetras al día de hoy: “Nosotras estamos acompañando los embarazos sin riesgo, aquí hay controles prenatales, hay preparación integral para la maternidad, planificación familiar, antes del embarazo ya se reúnen con la obstetra para ver el tema de la anticoncepción” detalló para eltucumano, dejando en claro que el papel no es solamente para el momento del parto, como se cree, o como solía ser.

“Acá tenemos guardia obstétrica permanente, siempre hay parteras, una en admisión para controlar latidos, para revisar a la mamá, explicarle, estamos a partir de determinadas semanas, se escuchan los latidos. El gineco es quien decide si pasa para sala de parto o para cirugía, en el ala 3 tenemos a las pacientes puérperas. En sala de parto se las controla. Se controla el puerperio también” especificó.

Hoy en día, el acompañamiento psicológico a la mujer gestante es fundamental: “Nosotras somos las compañeras, guiamos, le vamos diciendo qué van a sentir, cómo van a ser las contracciones. Somos un acompañamiento, las que hacen todo el trabajo de parto es la mamá. Es un momento tan importante que como mujer te marca mucho. Ser partícipe de algo tan lindo como el nacimiento de un hijo. Saber que le va a quedar un recuerdo a esa mujer del nacimiento de un hijo. Las pacientes que las controlaste hace años se acuerdan de vos años después. Es una satisfacción que las personas te digan ‘gracias por ayudarme’”.


Como toda profesión medicinal, la obstetricia cambia año a año y se ha llegado a un avance en el proceso de parto, en pos de proteger y cuidar mucho más a la embarazada”: “El uso de fórceps ya está prohibido, o si tienen los bebés más de cuatro kilos tampoco se arriesga, si el parto es gemelar ya tampoco no. Los médicos determinan si va a haber un parto normal o no” remarcó.


Emilse Romano (MP 796), está a cargo del ala obstétrica del hospital de Santa Lucía, y explicó también a eltucumano sobre la importancia de profesionalizar el ejercicio, y, sobre todo, de luchar contra la violencia obstétrica: “En la parte pública está el programa ruta de la embarazada, nosotros debemos cumplir con lo que pide ese programa” dijo.


“Muchas embarazadas se saltean el control obstétrico en la parte privada, pero en lo público hago preparación a la maternidad, vemos la preparación de los pezones para dar de lactar, el control del dolor, los masajes, ejercicios para reforzar los músculos perineales, es algo individual, pero estoy en proyecto de poder hacerlo una vez a la semana para que las chicas vayan con esa confianza e información. Les damos información sobre la Ley y la embarazada, y la información sobre la violencia obstétrica” contó.


El prejuicio contra “la partera”


Las historias de maltrato a mano de las parteras o enfermeras a cargo del parto normal, parecen haber marcado a generaciones enteras de mujeres. Hoy en día, es tarea de obstetras como Marina o Emilse las de desmitificar esto, e incorporar el amor y la empatía en el consultorio: “Me pasa mucho de las mamás de las chicas embarazadas que las acompañan a los controles, y llegan con la historia de que cuando ellas parieron les pegaron, que las insultaron, que les colocaban medicación sin avisar. Siempre hay que estar aclarando que los casos de violencia cada vez son menos y que es ilegal, pero sé que todavía hay mucho trabajo por hacer con respecto a la violencia obstétrica”.


Sobre este flagelo que persigue a su profesión, la lic. Romano explicó: “Este tema se está tratando muchísimo a nivel mundial, nacional y provincial, se está trabajando muchísimo en erradicar la violencia obstétrica, ahora me mandaron la ley de partos para que de una capacitación a las embarazadas. Se está peleando por la Ley de Ejercicio profesional de la obstetricia, es decir ser recibidos a nivel nacional como profesionales, luchamos por los derechos de las embarazadas nosotras, muchos médicos no respetan y se da la violencia obstétrica, como una mujer que viene dilatando correctamente y terminan en cesárea porque no quieren esperar al parto natural. O las llenan de miedo diciendo que se pueden morir ellas o el bebé, y no es así” se lamentó.


Aunque cada vez con menos frecuencia, sucede que a veces las cosas no salen bien en la sala de partos, y ahí es cuando el papel de las parteras se hace presente:” Cuando las cosas no salen bien y como una las espera, a mí me duele. El abrazo, las consuelo, las beso y les digo que cuenten conmigo siempre, que jamás duden. Si me pasó con una paciente y duele un montón.


Mariana, fue mamá hace unos pocos meses a través de la gestión de salud privada. Y hoy, con su bebé en brazos, recuerda lo importante de haber tenido ese acompañamiento obstétrico durante su gestación: “Mi ginecólogo es gineco-obstétra, desde el día uno me explicó absolutamente todo hasta con dibujitos, no me quedaba ninguna duda. Me hizo hacerme muchísimos estudios mes a mes, no quedó ninguno sin hacerme, fue muy comprensivo” dijo.


“Yo desde un principio quería un parto natural, no se pudo porque el bebé pesaba mucho, aunque tenía 9 de dilatación. Me recomendó el curso preparto, lo hice con una obstetra. Ahí me explicaron y me hicieron entender esto de que el parto natural era mucho de nuestra preparación de la mente que lo físico, que es un trabajo en equipo entre el bebé y vos, todo para no sufrirlo. El posparto también me sentí acompañada. Te preguntan cómo estás y siempre estás sensible, hacen un poco el papel de psicólogos los obstetras”, opinó con eltucumano.


“La preparación de la maternidad para mí fue muy importante, algunas solas y otras en pareja, la de respiración y control del dolor fue fundamental, ahí le enseñan al padre o pareja a contener, a cómo no ponerte más nervioso. Pero es muy personal, algunos no tienen paciencia, debe haber un acuerdo previo de que van a trabajar de esa manera. También te dan clases de lactancia, del tema del agarre. Se las recomiendo a todas las embarazadas” cerró.


Fuente: El Tucumano -  31 Ago 2023 - 21:31


Un médico le ligó las trompas a una mujer por error en un hospital de Mendoza



La mujer dio a luz por cesárea y luego el médico le realizó la práctica que la dejó estéril. El galeno podría recibir una pena de 2 años de cárcel y 4 de inhabilitación.


Un médico obstetra de 72 años que trabaja en el Hospital Español enfrenta la posibilidad de recibir una condena de 2 años de prisión y la revocación de su licencia médica debido a un lamentable incidente durante una cesárea programada. En este procedimiento, por error, realizó una ligadura de trompas a la paciente, dejándola estéril.


El caso, que está siendo investigado por la Fiscalía Correccional, ha generado un debate legal en el que la representante de la denunciante y el fiscal solicitan diversas penas. La sentencia está programada para el 22 de septiembre.

Este incidente se considera un claro ejemplo de violencia obstétrica. La paciente, que tenía 38 años en el momento del procedimiento y ahora tiene 41 años, había expresado su deseo de tener otro hijo al médico antes de la cirugía. Sin embargo, el médico cometió un error grave al realizar la ligadura de trompas sin su consentimiento y luego admitió su error, diciendo: "Metí la pata" y "Me equivoqué de paciente".


Durante el proceso judicial, el fiscal Tomás Guevara, en representación del Ministerio Público Fiscal, ha solicitado una pena de 2 años de prisión en suspenso y una inhabilitación de 4 años para ejercer la profesión para el obstetra. Por su parte, la abogada Agustina Maddiona, representante de la denunciante, ha pedido una condena de 3 años de prisión en suspenso y 4 años de inhabilitación para trabajar. Mientras tanto, el abogado defensor argumenta que se debe absolver al médico debido a la circunstancia de un "estado de necesidad".

El obstetra, Juan Ignacio Arpedoni Trímboli, enfrenta cargos de "lesiones gravísimas culposas", delito que conlleva penas de prisión que van desde los 3 años hasta un mes. Además, en el ámbito civil, se enfrenta a una demanda por daños y perjuicios, junto con el Hospital Español, donde se produjo el error.


La abogada de la víctima argumenta que este caso constituye un ejemplo de violencia obstétrica, ya que atenta contra el derecho sexual y reproductivo de la mujer, lo cual está calificado como una forma de agresión hacia la mujer según la Ley de Violencia de Género.


Durante el proceso judicial, se han escuchado testimonios de la paciente, su pareja, la médica asistente, el anestesista, el ecógrafo y otros testigos.


El incidente ocurrió durante una cesárea programada el 28 de septiembre de 2020. La paciente notó que algo estaba mal cuando el médico se demoraba y experimentó un olor a quemado y dolor inusual durante la cirugía. Posteriormente, se enteró de que se le había realizado una ligadura de trompas, a pesar de que no lo había solicitado. El médico, tras admitir su error, explicó que lo hizo debido a confusiones y problemas personales.

En la denuncia la paciente declaró que “nadie me consultó ni me informó nada respecto a la ligadura; de hecho mi proyecto era dejar pasar un año para volver a buscar un bebé, el doctor tomó una decisión sobre mi cuerpo que no le correspondía y sin mi consentimiento, puesto que en todo momento estuve consciente.”


Fuente: 

Redacción Vía Mendoza

domingo, 3 de septiembre de 2023


jueves, 30 de junio de 2022

El primer caso de violencia obstétrica en llegar a juicio


El caso de Johanna Piferrer es el primero de violencia obstétrica que logra judicializarse. Si bien, este tipo de violencia se encuentra contemplada dentro de la Ley 26.485 (de protección integral contra toda forma de violencia contra las mujeres), no se encuentra tipificada como un delito en el Código Penal y por ello solamente puede denunciarse en un marco administrativo.  No obstante, Johanna Piferrer logró que su caso fuera el primero del país en judicializarse y que permitiera visibilizar cómo la violencia obstétrica se vincula a las muertes perinatales (las que se producen desde la semana 22 de embarazo hasta la primera semana de vida).

El camino de Johanna Piferrer comienza en 2014, año en que realiza una denuncia al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, esa presentación atravesó varios organismos y mesas de trabajo. Finalmente el Defensor del Pueblo de la Nación determinó la violencia obstétrica frente a la muerte perinatal y exhortó a la institución denunciada a cambiar sus prácticas, capacitar a su personal y a asignar una habitación fuera del área de maternidad para las personas gestantes que atraviesen muerte perinatal.

“La primera vez que salí de mi casa a un lugar con muchas personas, después de haber atravesado por el parto de sin vida de Ciro fue el 3 de junio de 2015. Te sentís muy sola y tu realidad no condice con el exterior. Esa primera vez salí con el cartel que decía: «La violencia obstétrica es violencia de género». Creo que el tiempo histórico y los feminismos contribuyeron para que podamos contar lo que nos pasa. Las mujeres y personas gestantes atravesamos un montón de realidades. Sé que a nadie le gusta hablar de esto, pero también parimos hijos deseados sin vida“, sostuvo Johanna Piferrer.

El Código Civil en su artículo n°19 establece que hay vida desde la concepción (utilizado como argumento por parte de las personas anti-derechos en el debate por la legalización del aborto) y en su artículo n°22 dice que si la persona nace sin vida se trata de un NN, lo cual se replica en el sistema de salud: “Si tenés el privilegio de acceder a un certificado de defunción fetal en su descripción dice «Feto NN». Y la realidad es que esos cuerpos son entregados en cajas, bolsas o frascos. Nadie responde por esos cuerpos. Y todo esto es si tenés la suerte de que se haya registrado la muerte perinatal“, relató Johanna Piferrer.

Desde hace seis años Piferrer se encuentra trabajando para que se apruebe el proyecto bautizado como Ley Johanna, que busca establecer procedimientos médico-asistenciales para la atención de mujeres y personas gestantes frente a la muerte perinatal.

Actualmente están realizando una colecta de firmas para presentar ante el juzgado en el que se tramita la causa por violencia obstétrica: Firmar petición acá.

Ante cualquier consulta por violencia obstétrica se puede enviar un mail a consavig@jus.gov.ar o llamar al (011) 5300-4000 interno 76633.

*Producción: Algo con Erre

Fuente: fmlatribu

martes, 4 de agosto de 2015

Un parto para sanar




Ya hace una semana que nació mi tercera hija en casa, luego de dos cesáreas innecesarias. 

Con el mayor tuve un embarazo sano, siempre tuve ganas de parir de forma natural, pero no era consciente de los riesgos que implica enfrentarse con el sistema médico en estos casos. El obstetra, un, hombre agradable, simpático, yo estaba contenta. 


A las 32 semana la eco me dio un grado 3 de maduración y eso le dio pie al él para alarmarme (pero que hoy sé que es normal), que cualquier cosa lo llame, me dio su celular, el teléfono de la casa, gestos que me parecieron buenos en aquel momento. 

La siguiente Eco, la doopler me la hice dos días antes del nacimiento de mi hijo, que fue a las 37 semanas, todo estaba bien, pero ese domingo tuve fuertes dolores de cabeza y tenía la presión un poco alta (fue mi único episodio de presión alta), me fui a la guardia, donde estaba el equipo de mi obstetra, yo sabía que le faltaba para nacer, pero me dolía mucho la cabeza. 

Ahí me internaron y él llegó a los 20min, y sin verme a mí ni nada, le dijo a mi marido que esperaba afuera, “quedate tranqui que ya lo sacamos”! Nunca trataron de bajarme la presión y ver si podíamos esperar, tampoco hubo malos tratos hacia mí, siempre muy atentos, todo el equipo que me operó, no puedo decir que me trataron mal, sí puedo dudar de la necesidad real de mi cesárea. Así nació mi primer hijo, cesárea de urgencia, a las apuradas, yo lo único que deseaba era que me dejara de doler la cabeza. Además por un distrés respiratorio estuvo 5 dias eternos en neo, donde podía visitarlo cada 3 horas. 

A los dos años quedé embarazada de mi segundo hijo, volví con el mismo médico yo me sentía agradecida con él, sentía que nos había salvado la vida, (él me hizo creer eso, que casi me muero, o que podía haber tenido un derrame cerebral o que mi hijo se podría haber muerto). Cesárea programada, el motivo: cesárea anterior (la semana anterior a un viaje del obstetra por un congreso) No lo cuestioné, no me pregunte si podía ser de otra forma, acepte. 

Comencé a pensar en esto de la violencia obstetricia cuando una amiga me invita a escuchar un programa de radio (“Vos sabes”, lo recomiendo) que ella y otra amiga conducen y es sobre estos temas y crianza. Escuchando, leyendo, investigando, me di cuenta de que mis dos cesáreas habían sido innecesáreas, así que me propuse para mi tercer hijo intentar un parto fisiológico, no intervenido, que acá en La Plata, hubiese sido muy difícil en una institución, luego de dos cesáreas. 


Me contacté con Maria Ines Huarte, una partera con mucha experiencia, nos reunimos en grupo, armamos una linda tribu, donde aprendíamos de las experiencias de las que iban pariendo, compartíamos miedos, inseguridades, sensaciones, alegrías. 

Me tomé este embarazo de otra forma, leí mucho, fui a yoga, estaba conciente y conectada con mi bebé. Para los controles médicos, visité a un ginecólogo que respetaba mi decisión, aunque no vendría al domicilio, ni se comprometía mucho con mi plan, se limitaba a hacerme los estudios de rutina, que siempre dieron bien. 

Cuando le lleve los últimos estudios (que estaban diez puntos), en la consulta de la semana 38, me pregunto si estaba segura de mi decisión, que dos cesáreas anteriores, etc… hizo alguna broma sobre poner fecha para operar y por rutina me dijo desde ahora nos vamos a ver todas las semanas. Con mi marido decidimos ya no volver, no necesitábamos mas controles, ni chistes sobre cesáreas, ni miedos, ni inseguridades. Ahí comenzó el tiempo de preparar el nido, de esperar, descansar. Para cualquier consulta contábamos con la partera.

A las 41 semanas, después de todo un domingo con contracciones, vino la partera a las 12 de la noche, hice casi todo mi trabajo de parto en la bañera, todo estaba listo, planificado, luces de velas, silencio, calidez de mi hogar, sentada en la cama, mi marido sosteniéndome, la partera y mi amiga estaban frente a mí y por momentos yo apoyaba mis pies sobre sus piernas para pujar. Ellas me alentaban, dale, viene, vos podes, viene, viene y cuando ya creí que no podía más, siento que salió la cabeza y el cuerpito y fue maravilloso!! Lo había logrado, no lo podía creer, estaba fundida, pero feliz!! (Eran las 3,41 am) La beba se prendió a la teta ni bien la puso en mi pecho, luego cortaron el cordón, cuando terminó de latir, la placenta salió enseguida. Tuve un pequeño desgarro, pero no necesitó puntos. 


Fue intenso, doloroso, (por qué no decirlo, nuestros úteros están culturalmente sentenciados a doler, ya vendrán generaciones que recuperen el parir sin dolor de nuestros antepasados, pero eso depende de nosotras) pero tan, tan, tan sanador que el dolor no es algo que recuerde de ese momento…

Y al fin llegó el día y lo decidió mi cuerpo y así fue que parí. Parí con el alma con la garganta con la boca y con la voz parí con las piernas y con los brazos parí con el útero y con la vagina parí con las manos y con el corazón parí con las entrañas y con la convicción de que podía hacerlo!

Julieta, Febrero 2015, La Plata

jueves, 28 de mayo de 2015

Investigación sobre la percepción de las usuarias acerca de la violencia obstétrica - Caracas


Violencia obstétrica: percepción de las usuarias 

 Drs. Pablo Terán*, Carlos Castellanos*, Mireya González Blanco**, Damarys Ramos*

*Médicos especialistas en Obstetricia y Ginecología, egresados de la Maternidad “Concepción Palacios” (MCP). Caracas, Venezuela.

** Médico especialista en Obstetricia y Ginecología, Jefa del Servicio de Ginecología, Directora del Curso de Especialización de la Universidad Central de Venezuela en la MCP. Caracas, Venezuela.

Objetivo: 
Evaluar la percepción de las usuarias sobre la atención recibida en relación con prácticas consideradas como violencia obstétrica.

Métodos: 
Estudio prospectivo, descriptivo, exploratorio, de corte transversal por medio de una encuesta anónima a 425 puérperas atendidas en la Maternidad “Concepción Palacios” entre mayo y agosto de 2011, sobre aspectos relativos a violencia obstétrica.

Resultados: 
El 66,8 % manifestó la realización de procedimientos médicos sin consentimiento informado, 49,4 % fue objeto de algún tipo de trato deshumanizante, solo 20,5 % percibió trato no violento.
Entre los reportes de trato deshumanizante predominó el obstaculizar el apego precoz (23,8 %).
El trato deshumanizante fue percibido con más frecuencia por las gestantes tardías y las adolescentes (P<0,0001).
Los principales perpetradores señalados son las enfermeras y los médicos. Entre los procedimientos sin consentimiento el más frecuentemente reportado fue la realización de múltiples tactos (37,2 %) y la administración de oxitócicos (31,3 %). Este tipo de violencia fue percibido con más frecuencia por las adolescentes (P<0,0002). A más alto nivel de educación se observó menor percepción de violencia (P<0,0059).
Una de cada 4 usuarias conoce el término violencia obstétrica, y 1 de cada 5 sabe donde denunciarla. Solo 12 % recibió información sobre el consentimiento informado y 17 % firmó un formulario.

Conclusiones: 
Existe una elevada percepción de violencia en la atención obstétrica dada por la realización de procedimientos médicos sin consentimiento informado y trato deshumanizante por parte del personal de salud. No se aplica de manera sistemática la obtención del consentimiento informado.

Ver documento completo: http://goo.gl/F3hyY3

viernes, 24 de abril de 2015

¿Qué es la violencia obstétrica?



Se entiende por violencia obstétrica1 cualquier acción que medicalice y patologice los procesos reproductivos naturales y biológicos, expresados en un trato deshumanizado por parte de los profesionales de la salud, relacionadas con todo el procedimiento que conlleva un embarazo, desde el período de gestación hasta el post parto, afectando de manera directa o indirecta, el cuerpo y los procesos reproductivo de las mujeres.

Violencia obstétrica física y psicológica

En el ámbito físico esta violencia se traduce en prácticas invasivas, tales como: el tacto realizado por más de una persona, la episiotomía de rutina, el uso de fórceps, la maniobra de Kristeller, el raspaje de útero sin anestesia, una cesárea sin justificación médica y el suministro de medicación innecesaria. Mientras que la violencia obstétrica sicológica se manifiesta en un trato deshumanizado mediante la utilización de un lenguaje inapropiado y grosero, discriminación, humillación, burlas y críticas respecto al estado de la mujer y su hijo (a). Asimismo alcanza la omisión de información sobre la evolución del embarazo por parte de los profesionales de salud.

Manifestaciones de la violencia obstétrica
  • No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas.
  • Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.
  • Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer.
  • Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
  • Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.


Fuentes:
Wikipedia.
Ley de Parto Respetado - Ley nacional Nº 25.929